AureIA
práctica

Diezmo

Práctica de ofrecer una parte de los ingresos a la obra de Dios como acto de fe, gratitud y responsabilidad.

El diezmo tiene raíces profundas en el Antiguo Testamento: Abraham ofrece un décimo de los despojos a Melquisedec (Génesis 14:20), y la Ley de Moisés estipula que un décimo de la producción de la tierra y de los rebaños sea consagrado al Señor (Levítico 27:30). La palabra 'diezmo' viene del latín decima, que significa 'décima parte'. Era una forma de reconocer que todo lo que se posee viene de Dios y pertenece, en última instancia, a Él.

Espiritualmente, el diezmo es un acto de fe que coloca el dinero en su lugar correcto: como instrumento, no como señor. Al ofrendar, el fiel declara que no es esclavo de sus bienes y que confía en la providencia de Dios. Además, el diezmo sostiene la obra de la Iglesia — el ministerio, el mantenimiento de los espacios y la caridad — haciendo del donante co-partícipe de algo mayor que sí mismo.

En la práctica evangélica, el diezmo es ampliamente enseñado y practicado como mandamiento válido para el cristiano de hoy, generalmente calculado sobre el ingreso bruto o neto. La ofrenda más allá del diezmo (las 'ofrendas voluntarias' o 'primicias') es igualmente valorada. En la Iglesia Católica, no existe una determinación legal del diezmo en los mismos términos, pero la doctrina de la corresponsabilidad incentiva a los fieles a contribuir generosamente a la parroquia y obras sociales. El énfasis recae menos en el porcentaje y más en la generosidad del corazón.

Cómo vivir en familia

Abra con los hijos una 'alcancía del diezmo' en casa — una parte de la mesada, del dinero de regalo o de las ganancias por tareas domésticas va en ella y es donada juntos. Conversen sobre a dónde va la ofrenda de la familia y qué ayuda a hacer. Enseñe que dar no empobrece: hagan un 'experimento de generosidad' — donen algo durante un mes y observen cómo se siente la familia.

Para explicar a los niños

El diezmo es como cuando recibes diez caramelos y separas uno para agradecer a quien te dio todos los demás. Damos una parte de lo que tenemos a la Iglesia y a quien necesita porque es una manera de decir 'gracias, Dios' y de cuidar al prójimo.

Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

2 Corintios 9:7