AureIA
Fecha Festiva

Pentecostés

50 días después del Domingo de Pascua (siempre en domingo)

Contexto Histórico

Pentecostés nació sobre los cimientos de la fiesta judía de Shavuot ('semanas'), celebrada cincuenta días después de la Pascua para conmemorar la entrega de la Torah en el Sinaí. Los apóstoles y María se encontraban reunidos en Jerusalén para esa fiesta cuando, según el relato de Hechos 2, ocurrió el acontecimiento que transformaría el mundo: 'de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo' (Hechos 2:2-4). En ese mismo día, Pedro proclamó el evangelio y fueron bautizadas unas tres mil personas.

La Iglesia primitiva celebró Pentecostés como la fiesta del cumplimiento: así como la Torah fue dada en el Sinaí para guiar al pueblo de Israel, el Espíritu Santo es dado en Pentecostés para guiar a la Iglesia de Cristo. El fuego que no quemaba la zarza ardiente (Éxodo 3) aparece ahora como lenguas de fuego sobre cada discípulo. La ley escrita en piedra da paso a la ley escrita en el corazón (Ezequiel 36:26-27).

En España y América Latina, Pentecostés es fiesta de obligada celebración litúrgica pero de menor presencia en la cultura popular que las grandes fiestas del ciclo navideño-pascual. Sin embargo, el movimiento carismático y pentecostal — el fenómeno de crecimiento cristiano más importante del siglo XX en América Latina — ha devuelto a esta fiesta una vitalidad enorme, con celebraciones multitudinarias que llenan estadios y plazas en México, Argentina, Colombia y toda la región.

Significado Espiritual

Pentecostés es la fiesta de la misión universal. Las 'lenguas' del Espíritu deshacen la confusión de Babel (Génesis 11): si en Babel los idiomas se multiplicaron para dividir a los hombres, en Pentecostés el Espíritu habla en todos los idiomas para unirlos. 'Cada uno les oía hablar en su propia lengua' (Hechos 2:6) — señal de que el Evangelio no tiene idioma propio, no pertenece a ninguna cultura en particular, sino que se encarna en todas.

El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal ni un complemento de lujo a la fe — es la presencia activa de Dios en la historia y en cada creyente. Jesús lo llamó el Paráclito ('el que camina al lado'), el Consolador, el Espíritu de verdad que 'os enseñará todas las cosas' (Juan 14:26). Pentecostés nos recuerda que la vida cristiana no es un esfuerzo personal por imitar a Jesús, sino una colaboración con el Espíritu que actúa desde dentro.

Cómo vivir en familia

La víspera de Pentecostés, enciendan una vela roja en el centro de la mesa — el rojo es el color litúrgico de este día, símbolo del fuego del Espíritu. Lean juntos Hechos 2:1-13 y hablen sobre lo que significa que el Espíritu Santo 'venga' a una persona: no es una experiencia solo para los primeros apóstoles, sino una realidad disponible para cada bautizado.

Propón a cada miembro de la familia que nombre un 'don del Espíritu' que reconoce en los demás: la paciencia del padre, la ternura de la madre, la alegría del hijo. El Espíritu actúa en los talentos y virtudes de cada persona — reconocerlos en voz alta es una forma de dar gracias a Dios por los dones que habita en quienes amamos.

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.

Hechos 2:2-4