La obra de Dios que libera al ser humano del pecado y de la muerte, restaurando su comunión con el Creador.
La palabra 'salvación' viene del latín salvatio, ligada a salus ('salud', 'integridad', 'curación'). En el Antiguo Testamento, la salvación es frecuentemente comprendida de forma concreta: Dios salva a Israel de la esclavitud en Egipto, de las amenazas de los enemigos, del exilio. Gradualmente, el concepto se profundiza: los profetas anuncian una salvación definitiva, que incluye la restauración del corazón humano (Jeremías 31:33-34) y la creación nueva (Isaías 65:17-25). En el Nuevo Testamento, Jesús — cuyo nombre en hebreo, Yeshua, significa 'Dios salva' — es proclamado como el Salvador prometido.
Teológicamente, la salvación abarca tres dimensiones temporales: justificación (fuimos salvados — evento pasado de la conversión y el bautismo), santificación (estamos siendo salvados — proceso de crecimiento y transformación a lo largo de la vida) y glorificación (seremos salvados — la plenitud que vendrá con la resurrección y el Reino eterno). La salvación no es solo 'ir al cielo', sino la restauración integral del ser humano y de toda la creación en Cristo.
Católicos y evangélicos coinciden en que la salvación es obra de Dios en Cristo y que la fe es indispensable. El debate histórico gira en torno a la relación entre fe y obras: la Reforma Protestante enfatizó la sola fide (solo por la fe), en reacción a ciertas prácticas medievales. La Iglesia Católica nunca enseñó que las obras salvan por sí mismas, pero afirma que la fe que salva es una fe activa y transformadora, que naturalmente produce amor y buenas obras.
El Concilio Vaticano II (1962-1965) abrió una perspectiva más amplia: la salvación puede alcanzar, por el designio misterioso de Dios, a personas que no conocieron explícitamente el Evangelio, pero que vivieron según la luz que recibieron. Para la mayoría de las tradiciones evangélicas, la profesión explícita de fe en Jesús es el camino necesario para la salvación.
Cómo vivir en familia
Comparta en familia las 'historias de salvación' de cada adulto — cómo y cuándo cada uno encontró o profundizó la fe. Los niños aman escuchar esas historias y construyen su propia identidad espiritual oyendo las de sus padres. Enseñe que salvación no es solo 'escapar del infierno', sino 'vivir plenamente la vida que Dios imaginó para mí' — e invite a cada uno a pensar: '¿Qué quiere Dios salvar en mí hoy?'
Para explicar a los niños
Salvación es como cuando te caes en un hoyo profundo y no puedes salir solo — y entonces alguien muy fuerte y amoroso baja hasta ti, toma tu mano y te saca de allí. Dios hizo exactamente eso por nosotros: mandó a Jesús para salvarnos de todo lo que nos hacía daño, y nos invitó a una vida nueva con Él.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16