En los tiempos de los amigos de Jesús, todos compartían lo que tenían. Ananías y Safira decidieron vender un terreno para ayudar a la iglesia. Ganaron mucho dinero, pero guardaron un poquito en secreto y le dijeron a todo el mundo que estaban entregando todo.
Querían parecer más generosos de lo que realmente habían sido.
¿Sabes?, la mentira es como una piedra pesada en el bolsillo: nos hace daño a nosotros mismos. Cuando Pedro les preguntó la verdad, ellos siguieron mintiendo. Eso entristeció a Dios, porque Él ama la verdad.
Decir la verdad, incluso cuando nos equivocamos, siempre es la mejor elección. Cuando somos honestos, nuestro corazón se queda limpio y brillante, y todos pueden confiar en nosotros como amigos de verdad.
Dios nos ve siempre, y lo que más le alegra no es que seamos perfectos, sino que seamos sinceros. Un corazón honesto es un corazón en paz.
Efesios 4:25 — Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo.
Decir siempre la verdad nos trae paz y agrada al corazón de Dios.
